El
odio....

Nunca había entendido lo que esa extraña palabra significaba. Me
había enfadado e incluso peleado, pero ¿
odiado?. Que va, en mi completa ignorancia siempre
pensé que tales sentimientos no
podrían recorrerme jamás, tan
impuros, tan
radicales....
Todo eso cambio la mañana de un
miércoles cualquiera de verano. Andando por una pradera tranquila con una buena amiga divise al que yo
creía el amor de mi vida en brazos de otro. Cada uno de sus gestos de
pasión eran una ofensa hacia mi.
Sus
besos desprendían ácido a mi
corazón....
Sus
caricias apretaban
duramente mi cuello....
Sus
jadeos me
impedían respirar....
Sus
miradas hacían que mus ojos ardiesen....
Era como sentir todo el peso del mundo sobre tus espaldas y notar como las piernas te fallan
rápidamente para acabar derrumbado en el suelo.
El
frescor de la mañana se transforma en veneno en tus pulmones....
El suave
murmullo del viento se convierte en un pitido agonizante....
El
mullido césped pasa a ser tan duro como la piedra y tan afilado como un rosal....
Y es en ese momento, justo en ese momento cuando oyes una suave
vocecilla incitándote con dulces promesas.
"Ve corriendo y
dales su merecido"
Tu sabes que no debes hacerlo, tienes que calmarte, respirar, marcharte de
ahí y
desacerte de tus sentimientos por ellos.
Pero el brillante rojo de la
manzana hace que resulte demasiado tentadora la primera opción, es simplemente demasiado
apetitosa la venganza que
podrías maquinar contra ellos. Sin embargo te das la vuelta lentamente para marcharte, y entonces la ultima gota cae en el vaso
rebosante de
lágrimas que estas derramando por dentro.
"Te Quiero"Escuchas esas dos palabras mágicas de la persona que te las
había repetido una y otra vez los pasados meses. Pero esta vez no es a ti, esta vez se lo esta diciendo a otro.
El primer sentimiento que paso por mi
corazón en ese momento fue de traición. ¿Cuantas vece antes me
había dicho eso? ¿Cuantos
besos y momentos mágicos compartimos antes por esas dos palabras? .Pero todo aquello había sido una mentira y ya no importaba.
La impotencia comienza a recorrer cada una de tus
extremidades, la sangre te comienza a
hervir sin control y te das cuenta de que empiezas a perder la capacidad de
razonar. El brazo de tu amiga ya no es lo bastante
fuerte para retenerte, sus suplicas se vuelven vacias antes incluso de llegar a tu oido. Ahora todo lo que te importa es ir corriendo y cobrar la sabrosa
venganza.
Lo único que tu no sabes, es que al final eso no te traera más que
dolor......